Nuestro Blog tiene una nueva y apreciable colaboradora. Se trata de la Abogada Zoila Rosa Hernández Velásquez, quien desde hace algunos días nos remitió el trabajo que a continuación presentamos. La profesional del derecho es, como vemos, una novel escritora de grandes promesas, y que, como ocurre en nuestra Honduras frecuentemente no se había animado a publicar sus producciones. Nos sentimos satisfechos de haberla animado a hacerlo, dándole cabida a su producción literaria y cumpliendo así una de las finalidades por la que creamos este Blog y que es: hacerlo un punto de encuentro entre hombres y mujeres de pensamiento amplio. Así que ¡bienvenida abogada Hernández Velásquez! . (Las ilustraciones son de Emilia Calderón de la Garza, Nora Edith Maldonado Maldonado y José Luis Stuardo, y se pueden ver en Artelista.com Arte libre Creative Commons
EL OTRO EXTREMO
Por: ZOILAROSA HERNANDEZ VELASQUEZ
(ROSA CASTELL)
Y... SEBASTIAN luego de escuchar el fallo de aquel Tribunal, del que estaba seguro eran unos dementes, quienes no habían querido creer la verdad acerca de la conspiración fraguada por su madre y agentes de un país poderosos, algo así como mágico, cuyo propósito era desviarlo al homosexualismo, dijo, un poco pensativo "¿porque tengo que ir a un hospital, si yo estoy bien?, no le quedaba duda que había perdido su tiempo tratando de explicar de manera sencilla a aquellos jueces lo sucedido, todo era fácil de entender, pero... los jueces no viven su realidad y posiblemente no les importe.
Luego en una celda, antes de ir hacia el hospital cantaba alabanzas al todopoderoso era un cántico lleno de sentimiento, clamaba pidiendo, que el espíritu pudiera moverse en él.
Sebastián vivía su propia realidad, talvez los jueces no comprendieron o quizás ellos son los que viven en mundos opuestos a la realidad, creen hacer bien las cosas viviendo una gran mentira.
Sebastián se enfrentó ante los que quisieron mancillar su cuerpo, obligándolo a desviar su heterosexualidad, a quienes lo querían convertir en un guiñapo humano para el tráfico impuro del sexo y el consumo de drogas homosexuales como el las llamaba, aquellas que lo inducían a tener extraños deseos, que lo hacían perder la libido natural del varón, volviéndolo un ser sin voluntad propia, casi inanimado envuelto en una nebulosa donde no se percibía la luz, ni el amor y menos el calor humano, todo era frío, insípido, en su mente perdida aparecía el fantasma de la venganza, la reivindicación, de la defensa...
El espíritu de la Defensa Natural de su cuerpo era el arma más poderosa con la que contaba, no habría forma de hacerlo desistir.

Los jueces llegaron al lugar el día señalado para celebrar una audiencia en la que ellos tenían experiencia, pero... ese día iba a ser diferente, luego de los actos de riguroso protocolo dio inicio aquel encuentro con la justicia...
El Juez Presidente, hombre firme, de carácter apacible, ponderado y prudente, explicó claramente en que consistía la acusación, he hizo saber sus derechos al acusado, de manera sencilla.
El enjuiciado un hombre joven de buena apariencia con una mirada escrutadora, como si quisiera saber que pensaba cada uno de los jueces y su acusadora, seguía atento todo lo que sucedía, al final de las explicaciones que hiciera el Juez Presidente, pregunto: - Don Sebastián debo preguntarle si desea usted declarar,- claro ya le había explicado que no estaba obligado a declarar, era una decisión personal, y en caso de que no lo hiciera aquel Tribunal no iba a prejuzgar su culpabilidad, él era inocente, no debía probar su inocencia.
Sebastián se puso de pie, de manera obediente, con solemnidad y cierta fortaleza que afloraba con su porte de hombre bueno, y porque no, talvez si era un hombre bueno…
Miró fijamente al Tribunal y empezó diciendo – que quiere que declare, puede explicarme, no le entiendo, tengo que declarar hoy o lo podemos dejar para otro día, - el Juez Presidente mostrando cierta benevolencia sin dejar de ser firme, como si él conociera el desenlace de aquella sesión le dijo: "Debe ser hoy, si no desea hacerlo no está obligado", y el acusado en forma decidida respondió: "Puedo hablar con mi abogado?" - Por supuesto dijo el Juez - y acto seguido el joven Sebastián intercambió unas cuantas palabras con su Abogado, y sin hacer esperar a los togados dijo –voy a declarar- inicialmente se identificó plenamente de manera coherente y con toda facilidad, así mismo su tono de voz era bien modulada con tono fuerte pero no altisonante. Parecía tener control sobre si mismo…
Inició su narración con seguridad, manteniendo la atención de los presentes, dijo: - _vine del extranjero a la casa de mi madre, solo allí podía estar seguro al amparo de aquella mujer que me ha amado y cuidado toda la vida, que me enseñó mis primeros pasos, y condujo por la vereda del porvenir, sin embargo nunca llegaré a saber que pasó con ella porque de pronto empecé a notar cambios en su conducta, siempre atenta, amorosa, pero algo huidiza, había algo que no lograba entender, en verdad yo estuve enfermo en casa de mis parientes cuando viajé, y volví tratando de recuperar mi salud al lado de mi madre.
La miraba tan ansiosa, pasé muchos días de preocupación sin encontrar respuesta a mis preguntas, siempre me contestaba con frases entrecortadas, monosílabos, ya no había aquella confianza y vínculo de amor fraterno entre nosotros, aquel vínculo que muchas veces nos hizo cómplices en mis pequeñas travesuras, que me hacía sentir importante y querido por ella, parecía desvanecerse a medida pasaba el tiempo.
Preocupado por su actitud traté de entenderla y no darle ningún disgusto, fue así que un día me dijo: – tenemos que ir donde el médico es necesario que te hagas unos análisis,-- accedí creyendo en su buena fe, me sometí a los exámenes, y al tratamiento que dijo mi madre habían recomendado los médicos.
Inicié aquel tratamiento que más que todo era tomar una serie de medicamentos en tabletas, empecé a notar que poco a poco, perdía mi voluntad, de ser una persona activa pase a ser casi un vegetal, ni aún eso creo, pues no tomaba ni siquiera el sol, pasaba casi todo el día en cama, no había nada que estimulara mi vida diaria, todo parecía estar siempre en penumbras como si me envolviera una nebulosa, sentía frió, temor, poco a poco decidí mejor no salir de mis habitaciones, al tiempo de estar con aquellos medicamentos, empecé a sentir unos extraños deseos impuros no propios de un varón como lo soy, me debatía en una angustia mortal, prefería haber muerto que entregarme aquellas bajas pasiones que me atormentaban.
No entendía que sucedía a mi cuerpo, pero de algo estaba seguro, pese a mi somnolencia, llegue a considerar que lo que me causaba aquel grave mal eran los medicamentos que mi madre ponía en mi boca a diario, a lo que no me resistía como un voto de obediencia a la madre abnegada que era ella.
Rompiendo aquel voto, decidí engañar a mi madre, haciéndole creer que tomaba aquellas pastillas pero en realidad lo que hice fue dejarlas en mi boca, tal como vi en alguna película, para luego tirarlas a la basura.
Fue un buen plan empecé a recobrar mi lucidez, estaba conciente de lo que me rodeaba y de lo que deseaba, así salía de mi casa y como adulto que soy no tenía que dar explicaciones de mi salida, me divertía con mis amigas, bebía, y algunas veces fumaba hierva, nada de importancia todo bajo control, pero al regresar a mi casa empezaba el problema, mi madre desvelada, preocupada, me esperaba y daba inicio a un largo sermón, me reconvenía una y otra vez, entonces me volvía violento y la maltrataba.
Por milésimas de segundos, su mente vaga a lo desconocido y se detiene como si fuese un tiempo largo y luego, como recobrando la fuerzas ante lo inevitable dice: cuando salía a la calle, no lo hacía solo, siempre había alguien vigilándome, me seguían a todas partes, desde la esquina de la casa, en plena calle, sentía sus pasos atrás de mi, su mirada que nunca se apartaba, nunca miré a nadie, pero es que son personas muy astutas entrenadas para seguirme, ellos sabían, que yo sabia que me vigilaban, muchas veces los descubrí escondidos en mi casa… hace una pausa y sigue narrando con cierto deje de hastío, pero convencido, _ recuerdo que una vez uno de ellos estaba dentro del armario de mi habitación, no dije nada, no lo vi, pero ya antes había recibido la información de su maligna presencia, lo deje estar sin decirle nada, finalmente se cansó y salió como entró… sin que yo lo viera.
_En otra oportunidad recuerdo… pero no se decir si fue un sueño o realidad, si estaba dormido o despierto, pero escuché una voz suave, dulce que me decía lo importante que son los colores y que de ellos depende mucho nuestra felicidad, además me dijo que mi color era el anaranjado, que debía usar siempre una prenda de ese color, en verdad que ese no es mi color favorito y no sabía si la voz era de otra dimensión, pero como sé que mi cuerpo está dotado de manera extraordinaria para recibir mensajes relacionados con mi persona, decidí que lo mejor sería usar una prenda de ese color, a partir de aquel día siempre llevo algo en mi ropa de color anaranjado, como pueden ustedes ver hoy llevó esta camisa anaranjada.
Por unos segundos guardó silencio, las facciones de su cara parecieron decaer con un deje de decepción y tristeza, continuando su relato dijo:
_Pero eso no era todo, apenas me convencí de los efectos de los medicamentos, decidí averiguar que estaba sucediendo, y descubrí que mi madre mantenía contacto con ciertas personas poderosas de un extraño país que no se porque motivos pero es el mas fuerte, donde todo es posible, pude observar que sostenían largas sesiones y se ponían de acuerdo, debo admitir que estas personas parecían médicos, y aunque no pude escuchar cuales eran sus conversaciones, logre descifrarlo todo, ahora era fácil y estaba convencido, que mi madre confabulada con los extraños personajes estaba realizando una especie de experimento con mi persona sin importarle que yo era su hijo…
Sebastián al pronunciar las palabras "yo era su hijo", hizo una pausa y una mueca que dejó ver su rostro triste y cabizbajo, levantando la mirada de manera serena dijo: _bueno, debo explicarles los siguiente, fui un hijo no deseado, hace tiempo, cuando apenas era un niño oí discutir a mis padres, se recriminaban uno al otro y mi madre dijo: _"nunca quise tener a Sebastián, y mi padre respondió: yo menos" _ sentí que mi mundo se oscureció y la tierra parecía abrirse a mis pies, siguieron discutiendo que el anuncio de mi llegada a este mundo obligó a mi madre a contraer matrimonio, cuando aún era muy joven, truncando su porvenir y el de mi padre, que parecía no perdonarle aquel descuido de juventud, como si solo ella tuviera la culpa, nunca he podido olvidar ese día, aunque ellos me demostraron siempre amor es imposible olvidar que antes no me quisieron, pero… ellos son mis padres y nadie puede ocupar su lugar, los ojos de Sebastián brillan como si las lagrimas quisieran brotar, se mira ansioso, sus manos no pueden estar quietas, trata de esconder su mirada en un claro intento por no dar a conocer sus sentimientos y hace un último esfuerzo como quien no da importancia a lo que acaba de decir y continua su relato con la voz un poco entrecortada pero firme manteniendo el tono e interés de la audiencia hasta… que recupera la calma y dice:
_ Una y otra vez le reclamé porque estaba haciendo algo que perjudicaba mi cuerpo, no niego que llegue a maltratarla, pero todo fue en vano no desistió de su idea.
Descubrí que las drogas que usaban eran cocaína, heroína y una serie de pastillas, finalmente me opuse férreamente a seguirlas ingiriendo… y continué mi vida normal, solo que de vez en cuando entraba en cólera y muchas veces me exalte tanto que no niego dañé hasta los muebles de la casa y arremetí contra todo el que se me pusiera enfrente, pero algo de poca importancia porque al recuperar la calma, todo se volvía serenidad y paz, y trataba de hacer las paces con mis padres, ella muy comprensiva me pedía que tomara los medicamentos, mi padre un poco más resentido por mi conducta a veces me quitaba el habla por varios días pero luego volvía la paz y iniciábamos la vida ordinaria…
_Un día, no recuerdo cuando, pero me encontraba en mi habitación en una especie de penumbra, había fumado apenas un poco de mota solo para alivianarme, pues nunca me excedo, tengo control sobre el uso de drogas y me gusta estar en la realidad, no divagar por el mundo de mis amigos de que lo imposible es posible, los que no están vendrán y todo funciona al revés, … estaba reflexionando como vivir mejor, talvez si consiguiera un empleo, podría ocupar mi tiempo y talvez estudiar, quien sabe mi vida hubiera cambiado sino fuera por las señales que empecé a recibir, las que luego fueron informaciones directas a mi persona a través de la radio y televisión, esto sucede porque mi cuerpo funciona como una gran antena, aún al leer el periódico encontraba ciertas noticias que iban dirigidas a mi persona, yo lo se, porque sentía que algo me querían decir referente a la conducta de mi madre y las visitas a la casa de los extraños que decían que eran médicos, porque tienen que saber que estos individuos llegaban aunque no seguido a nuestra vivienda, y mi madre hacía salidas sospechosas a no se donde, pues nunca pude saberlo.
_Las señales fueron desapareciendo, poco a poco fui confiando, todo iba a estar bien, pasaron varios meses, pero pasado aquel tiempo volví a sentir aquellos extraños síntomas que tanto aborrecía que nublaban mi mente, volviéndome un despojo humano.
Entendí que estaba perdiendo una lucha que yo no provoqué, me estaba volviendo un drogadicto, un hombre sin voluntad, por lo que sacando fuerzas de flaqueza induje ciertas malestares en la casa a fin de que se cansaran de mi actitud y talvez con un poco de suerte me denunciarían a la policía… si esto sucedía tendría la posibilidad de explicar a la autoridad a lo que se me estaba sometiendo, algo así como una denuncia, pero sin denunciar a mi madre existía la posibilidad que hicieran una investigación, entonces me libraría de aquella tortura, pero también fue en vano, no me denunciaron.
_Finalmente decidí que nunca más permitiría que me drogaran, y lo logré durante algún tiempo… hasta que mi madre tuvo la ingeniosa idea de poner la droga en mis alimentos y bebidas, empezando de nuevo la pesadilla, algo en mi subconsciente me decía que debía hacer, pero me resistía, de algo estaba seguro esto tenía que terminar de alguna manera…
Aquel día por la mañana fue devastador, el escuchar a mi madre contar a mi abuela con lujo de detalles la ingeniosa forma que utilizaba para hacerme tomar aquellos medicamentos, claro ¡que tonto fui, con razón mi comida a veces sabía amarga!, nunca lo hubiera imaginado, como negar el enorme disgusto que aquello me causó, renegué, grité, amenace, pero nadie me hizo caso, después de eso, no se, ni me importó lo que hacían, si aquellos medicamentos aderezaban mi comida, la que ha veces botaba y otras por necesidad comía, me daba igual, de todas maneras yo ya no era yo, mi yo se había ido a un mundo oscuro, sin salida, formado por cuatro paredes oscuras, donde nadie llegaba, sin risas cantos ni amores, si, amores idos un poco locos pero al fin amores, con un poco de calor humano, ¡que frío se sentía en aquel cuarto!
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Aquel día de febrero, algún motivo que ni yo mismo me explico, me hizo salir de mi encierro, ver el día despejado me causó alivio, fui a saludar a mi madre, no logré hacerlo, la vi aderezando mi desayuno con aquellos sustancias malvadas, que imagino las recibía de aquellos extraños médicos,
Nadie puede entender las extrañas sensaciones que me hacían padecer, solo imagine caer en un mundo donde se pierde la naturaleza del hombre y se cambia por lo desnaturalizado y hasta malvado, si esas eran las sensaciones que me acosaban y no podía caer en aquello sin antes luchar, ya podrán imaginarse señores jueces la acalorada discusión que tuve con la progenitora de mis días.
_En algún momento de desasosiego o de pérdida de razón tomé un objeto pesado, y empecé a golpearla una y otra vez en la cabeza, hasta que cayó ensangrentada, fue una impresión terrible cuando volví en mi, no podía creer lo que había hecho, corrí fuera de la casa, pedí auxilio pero no fui escuchado, y corrí como un desesperado en busca de la policía, la que tanto había ansiado tiempo atrás como ayuda a mis problemas.
Reaccione y pensé, tenía que hacerlo, no había otra salida, era como una venganza, liberación, y sobre todo algo natural que me pedía mi cuerpo "Defenderme", si tuve que defenderme, por eso lo hice, tenía que defender mi cuerpo.
Esas fueron las últimas palabras para el Tribunal de parte de Sebastián, él estaba convencido de que había una confabulación de su madre con personas extrañas que procedían de algún país poderoso contra los que no podía luchar, encontrando la salida con la muerte de su madre provocada por el mismo.
Fue interrogado y contestó con certeza cada una de las preguntas, nunca negó lo que hizo, pero tampoco mostró arrepentimiento por su decisión, estaba convencido que así debía ser…
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Sebastián parecía haber nacido marcado por la fatalidad, su madre obligada al matrimonio por un pecado de juventud, con un esposo que lo que menos deseaba era la responsabilidad de un hijo… el día que nació fue triste, opaco, el sol no quiso asomar, no se puede decir que por el nacimiento, claro está, pero así fue, no hubo sol, más bien fue un día gris y frío.
Pese a los resentimientos de los padres de Sebastián, ante la presencia inocente de aquel hijo no deseado, sus sentimientos cambiaron esforzándose por formar una familia, en la que Sebastián era el centro de atención.
Era su vida como la de cualquier niño, con ciertas manías a las que no se les dio importancia, como cuando le daba por perseguir hasta el cansancio y maltratar los frágiles cuerpos de los animalitos de la abuela, pero con una reprimenda bastaba para que pasara un tiempo sin que volviera a suceder.
Ha veces su mal carácter lo hacía aislarse de los demás niños, a quienes no entendía, los miraba débiles y siempre al amparo de los demás, pero... era un niño... bastaba con entenderlo, lo que hacían muy bien sus padres, por quienes tuvo siempre mucho afecto.
El día que escuchó la discusión entre sus padres fue devastador, así descubrió que no todo era tan bueno en el mundo, que había padres que no deseaban sus hijos, para sus padres fueron días amargos, Sebastián siempre estaba triste, deprimido, no deseaba hablar y perdió la confianza en su familia.
Pero el tiempo logró por lo menos sanar la herida aunque no borrar la cicatriz, continuo su vida con todo un cambio, pese a ello mantuvo buenas relaciones con sus padres, quienes por todos los medios a su alcance desde sentimentales, materiales, espirituales trataron de borrar las duras palabras que había escuchado Sebastián, de manera que él tuviera seguridad de ser un hijo amado, lo que nunca sabrían es que aquellas palabras marcaron la vida de Sebastián, las guardaba como para nunca olvidar su origen y aunque no lo decía sentía resentimientos hacia sus padres.
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A los dieciséis años decidió viajar al extranjero donde estaba parte de su familia, su llegaba fue objeto de alegría para todos, porque algo que el reconocía es que en su familia jamás hubieron diferencias, el siempre fue parte de ella.
Inició su estadía viviendo en el apartamento de uno de sus primos, trabajando en un taller de mecánica, oficio del que ya tenía conocimiento, allí en el taller aprendió y se entregó a su trabajo, realmente le gustaba, armar y desarmar aquellos vehículos, tenía extraordinaria facilidad para aprender todos los secretos de la mecánica, y su satisfacción se mostraba cuando encendía aquellos automotores, los que para demostrar su buen trabajo probaba junto con el cliente.
Poco a poco fue ascendiendo en su trabajo hasta que llegó a ser mecánico de equipo pesado, lo que le valió la confianza de sus jefes.
Pasaron dos años y todo parecía marchar bien, pero de repente su carácter fue cambiando, se tornó irritable, molesto, ha veces con pocos deseos de hacer su trabajo, si bien había aprendido a ingerir bebidas alcohólicas desde los dieciséis años, esto no era un problema en su trabajo, ahora todo estaba cambiando cada ingesta de licor provocaba cambios drásticos en su conducta, se volvía violento, deteriorando sus relaciones personales y de pareja, sus relaciones sentimentales no las podía mantener por mucho tiempo, por lo que se involucró en relaciones efímeras, con jóvenes galantes con las que se hacía un intercambio comercial, sin ninguna consecuencia adversa.
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Sebastián no se explicaba porque sus primos eran tan diferentes a él, quien siempre trataba de ser organizado, tratando de llevar una vida simple sin muchas complicaciones, ni sentimentalismos absurdos, había aprendido a vivir en soledad y platicar con la oscuridad sus problemas, los que ha veces encontraban solución con la luz del sol, ni su familia ni amigos podían sostener una conversación prolongada con Sebastián, todos se preguntaban porque siempre el tenía un parecer tan diferente a los demás.
Acompañado por la tristeza, marcando su destino cerca y lejos de todos, se acomodó en un rincón de la soledad, con la esperanza de encontrar una salida, todos tendrían que cambiar su manera de ser, pues todos estaban equivocados, ya encontraría la manera de hacérselos ver.
Pero los días pasaron y las relaciones familiares cada día fueron más difíciles, por lo que en varias ocasiones Sebastián al no encontrar la salida optó por usar la violencia, al fin, pensaba él, todos los seres humanos tienen derecho a equivocarse y otros hacerlos ir por el buen camino, por lo que decidió taladrar el apartamento de su primo causándole grandes daños materiales y económicos al pobre hombre, quien al llegar de su trabajo se llevó tremenda sorpresa al ver su apartamento convertido en un gran colador, después tocó el turno a su prima, la que recibió una dosis de buen comportamiento, encontrando su apartamento destruido casi en su totalidad, porque Sebastián se cansó de decirle que los bienes que allí tenía en los que gastaba casi todo su dinero, en verdad no eran importantes, más importante era transportar el alma a mundos etéreos donde nada se corrompe, donde los seres se comunican mediante ondas que transporta el viento, donde el mal y el bien solo son parte del actuar humano, en si nadie es tan malo que no conozca lo bueno, o nadie es tan bueno que nunca haya hecho lo malo… y todos están condenados porque en algún momento fueron malos.
Comportamiento que lo llevó hasta un hospital donde luego de salir decidió volver a su pueblo natal junto a su madre, quien si cuidaría de él y lo comprendería... hasta aquel fatídico día de febrero en que ella murió…
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En realidad Sebastián no era nada religioso pero muy dentro de él, sabía de la existencia de un ser superior, con poder, por eso el día en que escuchó el veredicto del Tribunal clamó a Dios, y no solo clamaba por él, sino por aquellos Jueces equivocados creyentes de tener mucho conocimiento, que hicieron caso omiso a la verdad, y como la justicia es ciega, ¿como querrían esos jueces ver la verdad?, si ellos prefieren seguir ciegos, fabricando sueños de justicia, de derecho, de razón, pero ¡pobres de ellos están engañados!, _ se repetía Sebastián una y otra vez, y luego como quien se encuentra ante una obligación ineludible piensa, - no tendré otra opción que comunicarme a través de las ondas etéreas con estos Jueces para hacerles entrar en razón solo así creerán la verdad, ¡oh; acaso realmente están locos!
A las pocas horas de escuchar aquel fallo Sebastián fue conducido en un viejo vehículo policial hasta una casa grande, cercada en medio de la nada, donde fue recibido por personas vestidas de blanco, muy amables que inmediatamente lo atendieron con sonrisas que a él le parecieron fingidas, además todos parecían darle la razón, y así .... parece porque Sebastián todavía vive en aquella casa con nombre de santa y flor diminuta, solo se ha quejado de ves en cuando de no poder comunicarse con aquellos jueces, que aún deben vivir en una mentira, porque están ciegos igual que su fementida diosa Justicia.
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