COMAYAGUA : LETRAS Y ARTES
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Junio del 2006


SÍNTESIS DE LO PUBLICADO

Hace aproximadamente dos semanas comencé a publicar esta Bitácora de José Winston, con el ferviente anhelo de dar a conocer a quienes la lean dos temas específicos:

·  Los que se relacionan con mi país, Honduras, y con la ciudad en que resido: Comayagua. A mi juicio, hay aquí temas de naturaleza histórica, política  o cultural que podrían ser contentivos de algún interés para lectores de otras partes del mundo siquiera sea como información.. En este apartado incluyo las fotografías que ilustran los primeros artículos de mi Bitácora (Ver "Palabras de presentación"; la parte final de "Así escribo sobre Honduras" y el final del cuento "La noche de las luciérnagas")

·  En segundo lugar, presento los temas referentes a mi producción literaria: Aquí pueden encontrar mis cuentos: "La Negra", "Imágenes dentro del espejo", "La Noche de las luciérnagas" y "Las mascotas del señor Bonsard" tomados de mis libros: "La negra y otros cuentos" y "Estación insólita".

  

   Espero en lo sucesivo ofrecer en esta "Bitácora de José Winston" otros contenidos variados, seleccionados quizás con mayor detenimiento e ilustrados con mayor profusión. Y, por supuesto, hacer al final de cada mes estas síntesis que sirvan de punto de referencia a mis desconocidos pero caros  lectores.

   Por ahora cierro esta nota presentándoles algunas gráficas de lugares históricos de la ciudad de Comayagua, Honduras, esperando sean de su agrado

EDIFICIO DE LA MUNICIPALIDAD DE COMAYAGUA

CAMPANA QUE FUE LANZADA AL VUELO AL RECIBIR LOS PLIEGOS DE LA INDEPENDENCIA POLITICA DE ESPAÑA. FUE TRASLADADA DEL EDIFICIO DE LA MUNICIPALIDAD AL MONUMENTO QUE APARECE EN LA GRAFICA Y QUE ESTA UBICADO EN LA PLAZA CENTRAL

Por jwinpor - 27 de Junio, 2006, 19:50, Categoría: General
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LA NEGRA

 

Tomado de mi libro LA NEGRA Y OTROS CUENTOS

 

 

 Anochecía Cuando llegué a aquella población de clima húmedo y sofocante. Las amplias residencias de madera, de gran lujo y artificio, debieron haber sido construidas atendiendo patrones extranjeros. Sostenidas por pilares metálicos sobre una base de hormigón, estaban rodeadas de amplias áreas de césped y toda suerte de árboles tropicales plantados con cuidadosa simetría.

   Me encontré de improviso frente a la sencilla vivienda, probablemente destinada a la servidumbre, situada a regular distancia de una de las residencias principales. En medio de la penumbra que envolvía el ambiente, escuché las voces alteradas de dos mujeres discutiendo sobre un asunto probablemente muy serio.

   -¡Te vas ahorita mismo de esta casa, mujerzuela-gritó ásperamente la de mayor edad- ¿Quién te creés para andar coqueteándole a mi marido? ¡Loca! ¡Alucinada! Si dentro de diez minutos te encuentro todavía aquí te mato, desgraciada.

   -Pero señora, le juro que usted se equivoca, yo no...

   -¡Callate, perdida! Si crees que vas a engañarme estás muy equivocada. A las mujeres como vos es preferible no tenerlas en las casas decentes. ¡Conque  ya sabés, te vas corriendo o no respondo de mí!

   La furiosa dama se marchó hacia la residencia principal sin dejar de hablar exaltadamente, en tanto su interlocutora se quedó sollozando sentada en una grada de la pequeña vivienda.

   Me acerqué, tratando en lo posible de no sobresaltarla. A la luz amarillenta de una bombilla eléctrica pude apreciar la atractiva apariencia de la joven. Su rostro ovalado, la tersura de su piel canela, le daban un porte exótico verdaderamente sugestivo. Su cabello castaño descendía en alborotados rizos por sus hombros firmes y turgentes. No pude determinar si sus ojos eran verdes o grises pero, pese a las lágrimas, descubrí en ellos una mezcla irreverente de ingenuidad y picardía. Una  bata transparente cubría apenas su cuerpo esbelto y lleno de sensualidad.

   -Aunque no tengo donde ir, por mi madrecita santa que no me quedo un segundo más en esta casa. La señora es muy injusta. No entiendo por qué me ha dicho cosas tan feas –balbució con voz quebrada por el llanto.

   Comenzó a subir las gradas secándose las lágrimas con las yemas de los dedos.

   -Escúcheme –dije, llevado por un súbito impulso- Yo puedo llevarla a la ciudad y conseguirle alojamiento por esta noche, si usted me lo permite.

   Desde lo alto de la escalera fijó en mí su mirada indefinible.

   -¿Haría eso por mí? –inquirió con voz suave

   -Por supuesto, pero debemos irnos de inmediato, esa señora no tardará en regresar y puede ocasionarle algún daño, parece bastante enfadada.

   Momentos después íbamos rumbo a la ciudad siguiendo un sendero escasamente iluminado por la luz de la luna. La ayudé a cargar la pequeña maleta que constituía su único equipaje. A esa hora no encontramos un medio de transporte que nos condujera, afortunadamente la ciudad no quedaba muy lejos de aquella suerte de colonia exclusiva de la cual salimos.

   Pensé en lo inusitado de aquella situación. Había llegado a  aquel lugar en plan de vacaciones, y me encontraba de pronto en un camino solitario acompañando en medio de la oscuridad a una jovencita desconocida y extraordinariamente bella. Lo que me asombraba y a la vez me satisfacía, era que ella actuara con tanto desenfado como si hubiésemos sido dos viejos amigos. La verdad, yo alentaba el mismo sentimiento, aunque ni siquiera conocía su nombre. Y pensé: “Que se quede el infinito sin estrellas...

   -Mi nombre es Dayanara –dijo de pronto como si hubiese adivinado mis pensamientos- Pero aquí todos me conocen por “La negra”, así me llaman desde que llegué a este lugar.

   -¿Hace mucho que vive aquí? –pregunté con interés.

   -Desde que mis padres murieron hace tres años. Soy hija única.

   -Lo siento, debe haber sido algo muy difícil para usted.

   -Si, fue muy difícil. Desde entonces vine a trabajar con doña Marieta, esa señora enojada que usted vio. No es fácil convivir con ella, tiene un carácter muy... especial.

   -Pude notar que es bastante celosa – indiqué

   -Yo creo que está enferma –puntualizó la chica con tono triste- Últimamente riñe con todas las personas sin motivo alguno.

   -¿También con el esposo? –inquirí con intención.

   Soltó una risa alegre, como si mi pregunta la divirtiera en lugar de provocarle otro sentimiento. “O que pierda el ancho mar su inmensidad”.

   -¿Por qué se ríe? ¿Acaso dije algo divertido? –pregunté

   -El señor Rufo sólo viene una vez al año, para navidad. Él es  alto empleado de la compañía y se pasa viajando la mayor parte del tiempo. Sólo lo he visto una vez y de pasada.

   -Comprendo –dije, aunque estaba lejos de entender aquella situación.

   -Doña Marieta al principio no era tan... así como usted la vio. Me trataba muy bien, como si hubiera sido pariente muy cercana, una sobrina por ejemplo. Y es que tenemos lazos de familia pero muy lejanos según decía mi padre. Todo cambió desde que le hablé de mis aspiraciones, de lo que quiero hacer en el futuro.

   -Y.. ¿Qué es lo que quiere hacer, si puedo saberlo?

   -Sueño con viajar por el mundo, conocer otros países, otras personas. Quiero ser una viajera, talvez una aeromoza.

   -Ya veo –repuse convencido de estar oyendo el desvarío de una joven soñadora, nada más. Ella pareció adivinarlo otra vez.

   -Voy a ser una aeromoza –repitió en voz alta – Y usted será testigo de ello.

   -Por supuesto, sé que lo logrará –respondí tomándola de la mano.

   ¡Que noche ésta de cosas insólitas e impredecibles! –pensé –Ella dejó salir su risa musical, alocada. Sus bellos ojos fulgieron en la penumbra con una mirada de fuego. Y recordé: “Pero el negro de tus ojos que no muera, piel canela de tu piel se quede igual”.

   La dejé alojada en un sitio decoroso y seguro y continué mi camino. La luna brillaba en todo su esplendor y corrientes de aire fresco y salobre provenientes del mar inundaron el ambiente. Esta ciudad olvidaba decirlo era un puerto, pequeño pero bullicioso y acogedor.

   Me tomó algún tiempo llegar a casa de mis amigos  pero desde muy antes percibí el ambiente de regocijo, las voces entusiastas, el sonido estruendoso de la música tropical audible en varias cuadras a la redonda. Estaban celebrando una fiesta y me recibieron con grandes manifestaciones de cariño, mucho más de lo que me esperaba. Participé en la fiesta por unas horas, pero más pronto de lo que mis amigos deseaban me retiré a mi habitación.

   Recostado en el lecho estuve repasando mentalmente las incidencias de ese día. En mi pensamiento resaltó el recuerdo de aquella chica tan alegre y soñadora. ¿Qué cosas le depararía el destino? ¿La volvería a encontrar alguna vez?. Pensando en ella el sueño me venció.

   Años después, caminando por el nervioso centro comercial de la capital, llamó mi atención una vidriera en la primera planta de un moderno y lujoso edificio. Parecía una exhibición de fotografías y afiches sobre sitios del mundo tan distintos y distantes como Machu Pichu y Bombay. Escenas sorprendentes, captadas por la lente mágica de algún avezado profesional.

   Abstraído, estuve admirando aquellas imágenes por un largo espacio de tiempo. No advertí cuando  salió del edificio dirigiéndose apresuradamente al automóvil que la esperaba a orillas de la calle. Entonces la miré. Ella sonrió, me saludó con un leve  agitar de su mano y  haciéndome un   guiño de complicidad.

   -¡Lo logré! –exclamó alegremente- ¡Soy aeromoza! ¡Soy la Negra! Lo veré a mi regreso, gracias por su ayuda.

   Era imposible confundir aquella piel canela, mucho menos la mirada de esos ojos que no sabría decir si eran verdes o grises, pero en los que seguía persistiendo una rara mezcla de inocencia y voluptuosidad.

Por jwinpor - 26 de Junio, 2006, 12:07, Categoría: General
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MIS RELATOS DE HOY

LAS MASCOTAS DEL SEÑOR BONSARD

 

 

Tomado de mi libro ESTACIÓN INSÓLITA

  

   Desde que el señor Bonsard llegó a ocupar aquella vieja casa de la Calle 15, despertó las sospechas y el malestar de los vecinos del barrio. Es que en su mayoría eran personas conservadoras, si se quiere,  muy chapadas a la antigua, aunque su característica más sobresaliente era un individualismo exagerado. No querían saber nada de nadie, y lo que desde el principio supieron de Bonsard es que se trataba de un sujeto agresivo, con un pasado tormentoso.

   De la actitud huidiza y reservada de los vecinos, hablaban elocuentemente las puertas permanentemente cerradas, la escasa relación existente entre ellos, excepto en casos de verdadera urgencia.

   Al señor Bonsard le agradaba la música bullanguera, y, a juzgar por el volumen con que la escuchaba –haciendo literalmente estremecerse las paredes del vecindario- diríase que creía que aquel hábito suyo  era compartido placenteramente por los demás.

    Retornaba de su trabajo casi siempre al filo de la medianoche-  por cierto nadie conocía la naturaleza de sus ocupaciones- y lo primero que hacía era encender su equipo de sonido, importándole un comino si con ello perturbaba el sueño del vecindario.

   Naturalmente aquella actitud comenzó a originar protestas, empezando con murmuraciones entre dientes hasta llegar a acciones más contundentes.

   Una noche que en casa de Bonsard parecía estarse escenificando una orgía, Nazario Colunga, el vecino de al lado, se asomó a la ventana en paños menores vociferando a grandes gritos.

   -¡Apagá esa papada, grencho imbécil! ¡Llevate ese burdel a otro lado, infeliz. Dejanos dormir!

   Una sucesión de luces se fueron encendiendo en el vecindario tras los gritos de Colunga.

   Agustín Colomer, el vecino de la esquina opuesta, tuvo una idea mejor. Armado con una resortera que se había fabricado para cazar conejos, oculto tras el muro de su patio, comenzó a lanzar piedras de regular tamaño a la casa de Bonsard. Pero ni los insultos ni las pedradas  lograron el efecto deseado. El señor Bonsard, acomodado en un mullido sillón reclinable,  sorbía generosos tragos de licor y poco a poco iba cayendo en  un estado de abotagamiento mental muy cercano a la inconciencia.

   Unos airados vecinos se atrevieron a acercarse a la casa con ánimo de reclamarle, pero por más que oprimieron el timbre de la puerta principal no obtuvieron respuesta. No obstante, notaron que el hombre estaba despierto y además acompañado, por la conversación que escucharon.

    -¡Esta no se las perdono miserables! – Bonsard arrastraba las palabras como gruñidos apenas inteligibles por efecto del alcohol- ¡Les llegó su día, malditas. Les ordené que me esperaran en su habitación…y a mi se me obedece!

   Se escuchó lo que parecían ser voces o risas nerviosas.

    - Parece que pelea con alguien. Tiene mujeres con él. ¡Se oyen como chillidos o llantos! - acotó uno de los vecinos alarmado- Sería prudente llamar a la policía.

     - De varias casas la han llamado inútilmente- repuso otro de los vecinos-  Parece que este hombre es tan peligroso o poderoso que prefieren no meterse con él, más bien los que llaman corren riesgo.

    De nuevo se escucharon risas y como voces chillonas.

    -¡Y encima burlándose de mi ¿no es cierto? –Continuó vociferando Bonsard- ¿Saben qué? ¡De mi no se burla nadie sin pagarlo caro! ¡Si! ¡Las mataré yo mismo!

     El estallido seco de varios disparos se mezcló con las notas altisonantes del rock pesado que Bonsard escuchaba en ese momento. Tras las detonaciones, los antes iracundos vecinos se alejaron en veloz carrera con dirección a sus viviendas.

    Al día siguiente, alarmados por el estruendoso ruido de la música que aún continuaba, alguien llamó a las autoridades.

     Encontraron a Bonsard semi devorado por una manada de hambrientas hienas que, según le había contado a alguien en  una  ocasión, eran sus mascotas favoritas.

 

Por jwinpor - 26 de Junio, 2006, 10:55, Categoría: General
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ASI ESCRIBO SOBRE HONDURAS

   El modo de ser del hondureño es bastante sui generis en relación con muchas cosas.

   Tenemos, como cualquier otro pueblo hermano, grandes virtudes y enormes defectos de carácter. Recuerdo que siendo un escolar, nuestros maestros –hombres forjados en el yunque del sacrificio, el estoicismo y la esperanza, nos enseñaban una cancioncilla cuya letra y música  paso por mucho tiempo de generación en generación, y que en unos de sus versos dice:

Que dicha tan grande nacer en Honduras

¡Como lo desearan todas las criaturas!

   Aquellos bondadosos mentores nos hablaban con inocultable orgullo de nuestras vastas riquezas naturales: valles extensos y feraces, ríos caudalosos, tupidos bosques de maderas preciosas, riquezas minerales, etc, etc. Y nosotros, niños al fin, nos considerábamos ciudadanos de un país privilegiado por antonomasia, y mirábamos, llenos de satisfacción y asombro, los cuernos de la abundancia que sobresalen en la parte superior de nuestro escudo nacional.

Pero aquellas visiones y creencias infantiles se fueron diluyendo al paso de los años.

Hoy, nuestros gobernantes se jactan del hecho de haber sido incluidos en el sector de los países pobres altamente endeudados.  Nuestros políticos locales forman una verdadera arrebatiña queriéndole caer a lo que aquí se denomina "fondo para la reducción de la pobreza", y que no es más que los dineros que no tendremos que pagar por concepto de deuda externa, y que, en atención a los lineamientos convenidos con los organismos internacionales de crédito y con los país hermanos que nos condonaron gran parte de esa deuda, esos dineros deben ser escrupulosamente destinados al alivio de la pobreza.

   En Honduras la distribución del ingreso ha sido injusta tradicionalmente. Los apologistas de nuestro sistema económico y político de democracia electorera, son aquellos que pertenecen al 10% del sector privilegiado que se hace con el 80% de los bienes de la nación. El otro 80 % sobrevive hoy  bajo  la línea de la pobreza.

   Nuestros bosques han sido y siguen siendo destrozados, nuestras minas explotadas en forma irracional, nuestros ríos envenenados o destruidos. El poder judicial tambalea para aplicar sanciones, es que se mueve al ritmo que le marcan las élites política y económica. Nuestro sistema educativo no tiene una orientación hondureñista verdadera. El snobismo cunde por doquier. Ya no le llamamos lunadas o verbenas a nuestras fiestas populares. Ahora hablamos de "partys", de "Baby showers", y hemos soterrado nuestra celebración del Dia de difuntos, para presumir de celebrar "Halloween".Hasta nuestra celebración nacional –el l5 de Septiembre- en gran parte ha dejado de ser una festividad de exaltación a los Héroes Nacionales, para convertirse en un concurso de las bandas más lujosas o las palillonas más sexis.

   Justamente en estas semanas anteriores, el embajador norteamericano en Honduras señor Charles Ford, dio unas declaraciones públicas  que son una verdadera intromisión en los asuntos internos de nuestro país.

   Todo  ocurrió a raíz de que el gobierno hondureño está  tomando acciones para comprar petróleo más barato por medio de una licitación internacional. Como ese pingüe negocio ha sido manejado tradicionalmente por compañías extranjeras, principalmente norteamericanas, en colusión con sectores hondureños pertenecientes a las clases privilegiadas, se mira con horror que el gobierno invite a la petrolera venezolana PDVSA a participar en dicha licitación. El embajador Ford ha calificado esos hechos como "negocios sucios". Teme el embajador que una negociación con Venezuela- aún cuando pudiera favorecer realmente a los sectores populares- pase de lo estrictamente comercial al respaldo político para Chávez. Así lo han publicado nuestros diarios.

   Somos pacientes los hondureños, o demasiados estúpidos o malinchistas –como dicen nuestros hermanos mejicanos. La verdad es que ni nuestros políticos, ni nuestros "dirigentes populares", ni nuestros empresarios avorazados, ni nosotros los maestros hondureños, queremos decirles la verdad a las jóvenes generaciones, explicándoles que nuestra pobreza de hoy, nuestra miseria y desorden social, se debe precisamente a que malos compatriotas apostaron desde siempre a la corrupción, la rapiña, el uso deshonesto del poder, el entreguismo desvergonzado e incluso, al menosprecio  hacia nuestra dignidad de nación libre, soberana e independiente.

   En definitiva, hoy se ha optado por no enseñarles a los niños la vieja cancioncilla que mencioné al principio. Consecuentemente, ellos prefieren conocer  de Britney Spears, de Madonna o de Marlilyn Manson que de escritores, poetas o cantantes hondureños

                  Catedral de Comayagua, Honduras, símbolo de la fe e historia de la ciudad.

ZOOLOGÍA FANTÁSTICA

LA NOCHE DE LAS LUCIERNAGAS

                                                        

(Tomado de mi libro ESTACIÓN INSÓLITA)

  Nadie  imaginó que "Blorios", el perro bonachón de la familia Bográn, sería el protagonista principal de los extraños acontecimientos ocurridos en el pueblo de San Cipriano Centenario.

   Todo comenzó cierto día, cuando en medio de la estupefacción general, en la pequeña plaza del pueblo apareció instalada la famosa torre Eiffel de París.

   Semejante noticia llegó pronto hasta la Casa de Gobierno provocando un zafarrancho espectacular, pero cuando enviaron los aviones de combate en misión de investigación, el simbólico monumento francés había desaparecido.

   Los medios nacionales e internacionales, sentenciaron que todo había sido fruto de la ignorancia o la demencia colectiva.

   "Blorios" era un perro común y corriente, excepto por su habilidad natural para  abrir puertas, dormir en sitios elevados y contemplar extático las estrellas. 

   Cierta noche, en el amplio huerto de la familia Bográn, aparecieron unas extrañas luces, como enormes luciérnagas, desplazándose de un lado a otro por encima de las flores y entre los arbustos. "Blorios"  emitió unos gruñidos raros, se acercó a husmearlas y un rato después regresó emanando destellos y adquiriendo poco a poco una forma humanoide.

   -Les agradezco el trato cariñoso que me han dado- dijo a sus aterrorizados amos, con una voz semejante a suaves gruñidos metálicos- Ahora debo marcharme, pero les prometo que  ya no habrá más guerras, hambre o matanzas de inocentes por intereses económicos o políticos en este planeta. Con esta máquina que me han dejado mis ancestros, puedo transportar objetos y personas, paralizarlo  todo, o desaparecer seres y cosas. ¿Comprenden lo que les digo?

    Les mostró el extraño artefacto que sostenía con sus patas delanteras. Obvio es decir que los Bográn fueron incapaces de articular palabra. 

   Cuando la noticia trascendió, se originó una  polémica mundial sin precedentes. Una gran mayoría de personas no dio crédito al extraño suceso. Por todas partes hubo burlas, escepticismo, incluso insultos contra los dueños del perro.

   Pero un tiempo después, "Blorios"  comenzó a cumplir la promesa hecha a sus amos. Un día cualquiera,   hizo aparecer al presidente Bush, jugando alegremente un partido de fútbol con su archienemigo Bin Laden, en medio de una concurrida plaza comercial hondureña.

           Gráfica de otra de las famosas alfombras elaboradas en Comayagua, Honduras.

Por jwinpor - 23 de Junio, 2006, 13:06, Categoría: General
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PALABRAS DE PRESENTACION

¡Hola amigos del mundo!

   Os saludo a todos desde Honduras, con aprecio, con cordialidad y solidaridad. Soy un escritor que- parodiando al gran Neruda- puede decir con propiedad "confieso que he vivido". A mis años, la tecnología informática es tanto un sorprendente recurso como un complejo desafío. Confieso que soy lego en esta materia, pero aún consciente de ello, no me arredran los desafíos, sobre todo, cuando se trata de cuestiones íntimamente vinculadas con aspectos de la vida y la actividad personal que hablan muy alto a mi conciencia.

   El estudio y el cultivo de las letras es uno de esos aspectos. Por ello, a contrapelo de mi ignorancia en esto de la Internet y sus correlativos, no vacilé un instante en crear mi bitácora para, desde aquí, dar a conocer algunas de mis producciones, así como aspectos de la actividad política y social de mi país que, a mi juicio deben ser conocidos por el mundo.

   Quiero hablaros un poco de mi ciudad y mi persona. Desde hace aproximadamente cuarenta años resido en Comayagua, histórica ex capital de mi país, y uno de los principales lugares en donde se mezcla- en una verdadera conjunción intemporal- lo antiguo con lo moderno.

   Fundada en 1537 en medio de un ubérrimo valle cruzado por varios ríos, comenzó siendo un pueblito provinciano, pasando con los años a ser el centro  en donde tuvieron asiento las principales autoridades de la época colonial. Posteriormente, ya en el período republicano, se convirtió en la capital de Honduras y fue el escenario de importantes acontecimientos de nuestra historia.

   Hoy es una ciudad floreciente, como dije antes, con un desarrollo creciente en el aspecto material, pero sin desmedro de los valores y tradiciones que nos legaron nuestros antepasados. Aquí podéis admirar lo mismo valiosas piezas de la cultura Maya-Quiché, guardadas en su Museo Arqueológico, como visitar un templo de estilo barroco, almorzar en una fonda de comidas típicas o si lo preferís, entrar a uno de esos centros de comidas rápidas, de fraquicia, que en lo particular no mn. Yo recomiendo a quien nos visite, saborear la variedad de platillos autóctonos (asado de res, nacatamales, carne prensada, estofado típico, chicharrones, etc.) Puedo asegurar que son platillos sencillamente deliciosos.

   Comayagua se ha convertido hoy en un destino turístico preferencial para nacionales y extranjeros. Hay buenos hoteles, servicio de taxis, hermosos paseos naturales, discotecas y cines. Son muy admiradas las alfombras que muchas familias de esta ciudad construyen en las principales calles y avenidas en ocasión de Semana Santa. Intenté insertar unas fotografías pero no lo logré, será en mi próxima entrega.

   Debo apuntar, en honor a la verdad, que el artífice de la transformación física de la ciudad ha sido su joven alcalde municipal, don Carlos Miranda Canales, quien fue electo por tercera vez consecutiva el 2005, dada su capacidad, honradez y espíritu visionario.

   Pues bien, desde esta ciudad he realizado las más importantes actividades de mi vida, primero, como profesor de filosofía y español – por 27 años-en el instituto de enseñanza secundaria "León Alvarado" de esta ciudad. Este colegio es uno de los más antiguos e importantes de mi país. Fue fundado en 1879.

  Durante esos años de docencia también escribí cuatro obras de narrativa:

-LA CIUDAD QUE BORRÓ SUS HUELLAS (Novela)

-IMPERFECTO AMOR (Novela)

-LA NEGRA Y OTROS CUENTOS (Cuentos de suspenso)

-ESTACION INSOLITA (Relatos fantásticos)

También infinidad de artículos de prensa, especialmente para diario LA TRIBUNA de Tegucigalpa, la capital hondureña, diario del cual he sido columnista por muchos años.

 Algunas de esas producciones prometo ofrecerlas en esta bitácora.

Por ahora es todo. Hasta la próxima. Un abrazo a la distancia.

José Winston Pacheco.

Y a continuación les ofrezco:

IMÁGENES DENTRO DEL ESPEJO

Condensado del libro LA NEGRA Y OTROS CUENTOS  de J.Winston Pacheco

 

  Ese día al llegar a mi oficina, no le dije una galantería a mi nueva y atractiva secretaria, como acostumbro hacerlo con toda mujer que se cruza en mi camino. Me contuvo su rostro demudado.

   -¿Qué ocurre?- pregunté intrigado

   -Se trata de su esposa, señor, llamaron del Hospital General reclamando su presencia urgentemente. Lo siento, señor.

   -Pero…es imposible, yo…

   -Dijeron que se trata de algo grave, lo lamento, señor.

  Quedé anonadado. Hasta ese momento todo estaba en orden. Seguramente se trataba de una equivocación. Cuando me presenté a la sala de emergencias, una enfermera de rostro mofletudo me atisbó severamente por sobre sus gafas estilo mariposa.

   -Señor Mariñas, espere en la sala contigua, por favor, en este momento no puede ver a su esposa.

   -Deseo hablar con el médico de turno –repuse un tanto alterado.

   -No puede atenderlo, está en el quirófano interviniendo precisamente a su esposa-remarcó con tono de reproche.

   -Pero, usted no sabe que…

   -Ya le he dicho lo que debe hacer –cortó tajante-Aquí no tenemos tiempo para discusiones inútiles.

  La sala estaba llena de personas expectantes. Fue larga la espera, más que eso, insufrible. De pronto, un médico asomó por una puerta.

   -El señor Mariñas ¿Se encuentra aquí?

   -Soy yo, doctor ¿Quiere usted explicarme?...

   -Acompáñeme –respondió

  Entramos al pequeño consultorio

   -Su esposa tuvo un embarazo ectópico, casi fatal. ¿Cómo pudo usted ser tan descuidado?

   -Escuche, doctor, yo…

   -No hay excusa que valga, señor mío, ¿Acaso no sabe usted lo que es eso? – gruñó con tono severo- Ella ha estado a un pelo de morir ¿entiende eso?

   -Déjeme explicarle que…

   -Esto no es un juego, señor. Su comportamiento ha sido desidioso, irresponsable- proclamó-Afortunadamente logramos salvarla, y también al niño. No debería felicitarlo, pero es usted padre de un hermoso varón.

   -¿Puedo verlos?- inquirí casi en un susurro.

   -No en este momento. Su señora está aún bajo los efectos de la anestesia, y el niño bajo observación, pero puede regresar dentro de un par de horas. ¿De acuerdo?

Guardé silencio por un instante. Mi vista se posó en un sugestivo cuadro colocado tras el escritorio del galeno.

   -Lo siento, doctor- afirmé- pero no voy a regresar a este hospital

  Quedó estupefacto, como si no comprendiese mis palabras

   -¿Qué…qué dice usted?-preguntó intrigado- ¿Acaso ha perdido el juicio?

   -Me alegra que la señora y el bebé se encuentren bien. Pero ella no es mi esposa ni él mi hijo. Soy un hombre soltero, doctor. Así que nada tengo que ver en este maldito enredo.

Quedó sin habla, en tanto yo regresé a mi oficina y dije el cumplido a mi nueva secretaria.   Cuando entraba a mi despacho la escuché farfullar:

   -¡Que barbaridad! ¿Cómo puede ser tan fresco estando la esposa grave? ¡Todos los hombres son iguales!

  No obstante, al día siguiente el médico llamó a mi oficina, deshaciéndose en excusas. El verdadero culpable llegó por fin al Hospital.

Por jwinpor - 19 de Junio, 2006, 10:14, Categoría: General
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